Nosotros somos la maleza
Hoy me agaché para limpiar el sumidero del costado.
Cuando me agaché, ya dispuesta, ¿qué fue aquello que me detuvo? En realidad, la pregunta debería de ser, ¿cómo no detenerse? Por supuesto que no podría proceder. No cuando allí se encontraba, nada más y nada menos que la flor de la cual me había enamorado.
Tras intentar pasar de largo, arrancar las demás y dejarla tan solo a ella, me encuentro con otra sorpresa.
Cada pequeña maleza, plantita tras plantita, era conocida mía.
Quizá no las haya hallado así en nombre, pero no hace falta para que nos hubiésemos reconocido.
Entonces me levanté. El trabajo no acabado, ni siquiera comenzado. Más tarde, en los días venideros, me lo van a reclamar. Yo, una vez más, me voy a agachar. Seguro que voy a procurar arrancarlas, una vez más, y seguro que voy a fallar, una vez más.
¿Por qué debería, en primer lugar? ¿Qué nos da el derecho de colonizar el suelo con cemento y reclamarlo como nuestro?
Antes fue de ellas, no es sino aquello que es suyo lo que están procurando.
Es su espacio, siempre lo fue, y así va a continuar siendo.
En este mundo de tierra, nosotros somos la maleza, nosotros somos la hierba mala, nosotros con nuestro cemento.
Comentarios
Publicar un comentario