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Mostrando las entradas de febrero, 2026

Circunstancias externas

¿Cuántos de nuestros pasos pueden realmente ser controlados? ¿Cuánto de aquello que proviene de adentro puede ser sujetado, domado? Antes de colapsar en el intento fallido de racionalizar una emoción que se vuelve sentimiento. Es menester reconocer la responsabilidad del entorno sin culpabilizar, dado que es inviable arrancarse el estómago y el corazón e impactarlos contra esta pared de cristal falso. Porque es improbable erradicar la existencia propia de la memoria ajena, dado que es improbable erradicar la existencia de esos seres que socavan la memoria. Toca recoger el delantal, la sombrilla, el bolso, la carpeta, la paciencia y la resignación a la par en que se mira como todo se obstruye, se malogra, se agota y se pierde. Porque así es la vida, a veces- Porque hay días así en la vida, a veces. … ¿Cuánto de lo que decimos puede ser filtrado? Cuando la vista de las decisiones ajenas se vuelve ominosa y amenaza directamente estos mis cimientos de arena y arcilla. Cuando reproches y qu...

Silueta en la sombra

Una aparición desconocida, divisada con una vista que es más intuición que mirada. ¿Qué habrá sido? Tan solo blanco y negro en la memoria, tan solo una sensación en la imaginación. Un minino inquieto, rara vez no travieso, atraviesa el mosaico de ladrillos alfombrado en musgo. Un silencio. Seguido de otro silencio que causa sospecha. La aparición hace su muestra nuevamente, con más claridad en la confusión de su contorno, en el misterio de su sombra que aún oculta su identidad y en el mismo instante, un estruendo. Así, la claridad llega sin ser buscada, mucho menos confirmada. Pobre pequeña mariposa, polilla asesinada. Cuando la Luna ocupa el lugar del Sol en el cielo, cuando la noche no es más que una extensión del día, cuando tres mininos traviesos atraviesan el mosaico de ladrillos y consuman una cacería en las sombras de la cocina. Manuscrito en Cuaderno de Sensorialidad Rosada.

Nube de tormenta en ocaso

De un azul esplendoroso y gratificante se teñía el cielo. De un azul profundo tan solo visto en las mañanas cálidas con cielo despejado, uno que tras una lluvia intensa y vientos feroces hacían alarde de una atmósfera impecable. Pero la lluvia aún no había llegado, por el contrario, la tormenta recién se estaba formando. Tampoco era de día, ni tampoco de noche. Era aquella intersección que suele existir durante las horas diurnas que son noche, sin serlo, y era provocado justamente por aquel azul cielo intenso, que aún siendo en el cielo, no era cielo. Manuscrito en Cuaderno de Sensorialidad Rosada.