Timidez encantadora
Existe un punto intermedio en donde el mundo real y el de los sueños convergen. Cuando la fuerza de esas incansables ventanas comienza a desvanecerse, a flaquear, los sucesos que se viven se entremezclan con los que se perciben, un mundo nuevo se crea, uno que existe en su inexistencia. Fue en ese punto intermedio que lo vi, que lo soñé. Tras escuchar por horas el ruido del motor del transporte público, una se imagina el ruido de las vías del tren surcando por los rieles que cruzan montañas, unas montañas que jamás he visto, con un ruido del tren que jamás he pisado. Quizás también pro eso fue fácil imaginar estar surcando a través de un clúster de estrellas, con los ojos cerrados, al mirar por la ventanilla. Los sueños también utilizan información de aquello vivido durante el día. Quizás fue por haber hablado con vos sobre las estrellas que muy a menudo olvido, incluso por las noches. Duele vivir recordando todo lo que se puede recordar durante un solo día, incluso una semana. Por eso...