Epidermis rasgada
A veces el deseo de autoinflingirse una penitencia, aparece. El deseo de encontrar alegría, no placer, en haber soportado del dolor físico. A veces, un sentimiento de traición aparece. En esas veces en las que se consume aquellos analgésicos, anticipando los cólicos abdominales, esos dolores menstruales de un cuerpo que te recuerda que no puedes continuar con normalidad. El deseo de continuar, de no pedir ayuda, de no esperar. De caminar con la epidermis rasgada por unos zapatos que no estaban diseñados para caminar por el empedrado. El deseo de experimentar, de aguantar el dolor físico de ser mujer. El deseo de experimentar, de aguantar el dolor físico como castigo por decisiones tomadas con ligereza, por terquedad o necedad. Pero ya he comprendido que, en contextos menos mentales, soy más hedonista que ascética, y además, en casos concretos, casi generalizados, no hallo placer en el dolor, o por lo menos no sin la interferencia externa de otro agente que lo solicite. Tan solo caer po...