Nube de tormenta en ocaso
De un azul esplendoroso y gratificante se teñía el cielo. De un azul profundo tan solo visto en las mañanas cálidas con cielo despejado, uno que tras una lluvia intensa y vientos feroces hacían alarde de una atmósfera impecable.
Pero la lluvia aún no había llegado, por el contrario, la tormenta recién se estaba formando.
Tampoco era de día, ni tampoco de noche. Era aquella intersección que suele existir durante las horas diurnas que son noche, sin serlo, y era provocado justamente por aquel azul cielo intenso, que aún siendo en el cielo, no era cielo.
Manuscrito en Cuaderno de Sensorialidad Rosada.
Comentarios
Publicar un comentario